Vaya día el de ayer. La noche del sábado intentar dormir era toda una proeza, con esa sensación de miedo, incertidumbre y sobretodo tristeza en el cuerpo se hacia imposible conciliar el sueño y eso que llevaba casi un día sin dormir.
Estar en el avión de vuelta a casa relajó mis músculos y dio paso a la alegría y ganas de llegar para abrazar a mi familia.
Gracias a todos vuestros mensajes de apoyo, allí me sirvieron para no desfallecer, solita en una ciudad tan fría se hace difícil no sucumbir, pero bueno me sorprendí de mi fuerza para salir del paso, tan rápido y de manera eficaz, creo que estoy preparada para llevar a cabo una revolución (jejeje)
En fin, creo que por el momento me quedo tranquila y dejo de intentar cambios drásticos en mi vida.
Eso sí, son experiencias que se adquieren y te hacen madurar de una forma u otra, pero que siempre sirven para aprender, aunque , esta vez haya sido a golpes.
No hay comentarios:
Publicar un comentario